Ahora es la sequía. Siempre tiene que existir una justificación para los graves problemas que aquejan a la economía castrista. Cuando no es el embargo, es la deuda y los especuladores. Cuando no es la insolidaridad, es la ambición de riqueza de los poderosos. Nunca la culpa en el ojo propio, siempre en el ajeno. Esta es la forma que un régimen político ha afrontado sus responsabilidades con los ciudadanos a los que dice servir durante más de medio siglo. Y así le han ido las cosas.
Un editorial de Granma atribuye a la sequía la mayor parte de los problemas de la Isla.
Según el autor, Orfilio Peláez, mayo fue un mes "en extremo seco", señala textualmente, "el acumulado nacional de lluvia apenas llegó al 47% de la media histórica mensual. Los embalses solo acopian el 41% de su capacidad".
Todos los países, en mayor o menor medida, se ven afectados por los problemas derivados de las sequías. Bueno, para ser correctos, sólo aquellos que no realizan los deberes que, en materia hidrológica, consisten en realizar inversiones inteligentes y ambiciosas para superar la dependencia del régimen cíclico de lluvias que, aun siendo favorable como sucede en la zona geográfica en la que se encuentra Cuba, en ocasiones pueden variar las circunstancias y tornarse más seco.
Es cierto que en Cuba se ha instalado un proceso de sequía desde noviembre de 2008, que ha podido intensificarse durante el pasado año 2009"clasificado como el cuarto de menos lluvia en los últimos 109 años".
Pero estos problemas actuales podrían haber sido prevenidos por el régimen desde hace décadas.
Un gobierno que no escatima esfuerzos en planificar, coordinar, controlar y ejercer todo tipo de intervenciones e injerencias en los asuntos económicos, no ha sido capaz de resolver los problemas de falta de agua. La parálisis de las inversiones públicas en Cuba, que se refleja en el bajo indice que registra la formación bruta de capital sobre el PIB (el más bajo de toda América Latina) muestra la incapacidad del régimen castrista para desarrollar programas de infraestructuras a medio y largo plazo.
Como si el horizonte temporal fuera muy corto, el castrismo no suele tomar decisiones que suponen movilizar recursos a largo plazo en favor de la mejora de las infraestructuras. Y ahora, cuando aparecen los problemas, recurre a la movilización, al racionamiento y al control. El autor señala que "esta tensa situación con la baja disponibilidad de agua exige que la población y las entidades económicas refuercen el control sobre el gasto de tan preciado recurso, velando por su uso racional y óptimo, además de la aplicación de soluciones locales para mitigar sus efectos, ante la anormal situación que puede provocar escasez en el consumo". Más privaciones para un pueblo acostumbrado a la escasez crónica de todo.
Lo peor de todo no es el impacto que tiene sobre la población la existencia de una pésima red de suministros y de abastecimientos urbanos, o la ausencia de plantas de reciclado de las aguas o de salinizadoras, e incluso presas o trasvases. No es el problema. La cuestión es que la sequía puede agravar la tradicional improductividad e ineficiencia del sistema productivo comunista en la agricultura, provocando más escasez, miseria y penurias a una población cada vez mas abatida. Y por último, aunque no por ello menos importante, precios más elevados que aumentarán las exigencias de gasto público de intervención. Malos augurios para la economía del régimen castrista. Como siempre, es algo que no cambia.
jueves, 3 de junio de 2010
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