Es lamentable pensar que existe todavía en la mente de amplios sectores de la izquierda europea la idea de que los “revolucionarios” que bajaron de la Sierra Maestra son los mismos dirigentes políticos que han propiciado la muerte de Orlando Zapata.
Se trata de una hipocresía más de la historia, que se basa en la idea de la existencia de dictaduras buenas y dictaduras malas. Las primeras, lógicamente, requieren un tratamiento diferencial, con mayor tacto político, para evitar su eventual degradación.
La castrista es un ejemplo de lo que estamos considerando. No ha habido un solo dirigente de la izquierda, incluido el presidente Zapatero, que haya expuesto con claridad quiénes son los responsables de la muerte de Zapata, y denunciar públicamente lo ocurrido en La Habana.
El doble rasero, la confusión ideológica en el caso de Cuba, llega incluso a Obama, que tampoco ha dicho nada respecto de la muerte de Zapata. Posiblemente por la creencia de que Raúl Castro puede impulsar cambios políticos en Cuba. Falsa idea. Nadie cree que el hermano vaya a ser un líder real de la transición, sino un mantenedor cualificado de la penosa herencia de su hermano, hasta que Cuba estalle, o termine produciéndose una involución de consecuencias imprevistas. Incluso Lula da Silva llegaba a Cuba en pleno funeral de Zapata, y no ofrecía una sola palabra de lamento o condena en presencia de los Castro.
Con su actuación en el asunto de Orlando Zapata, Zapatero puede perder peso político y criterio en la Unión Europea para organizar una estrategia diplomática hacia el régimen castrista, y en cambio, se consolidan otras posiciones más coherentes con la defensa de los derechos humanos y las libertades, sobre todo entre los antiguos países de Europa del Este, que padecían dictaduras de izquierda muy similares a la cubana.
Creo que el presidente español perdió una gran oportunidad, en la sede de Naciones Unidas para derechos humanos en Suiza, pocas horas después de la muerte del disidente cubano, cuando ni siquiera acusó públicamente al régimen castrista de su responsabilidad, lanzando una denuncia general contra todos los países que no respetan la vida. Y lo hizo la vicepresidenta, de la Vega, en su comunicado de denuncia al simplemente lamentar y no condenar al castrismo por la muerte de Zapata.
La existencia de presos políticos en Cuba, su número creciente desde la llegada de Raúl Castro al poder, la represión, la vigilancia, no puede escapar de la actuación de los gobiernos democráticos, cuya reacción es capaz de ocultar la maldad del régimen castrista con tal de llevarse bien con los dictadores.
El castrismo es un régimen perverso y negativo para la población cubana, no valen estrategias de relación. Hay que convertir la Posición Común europea en un instrumento reivindicativo, que fuerce a los gobernantes a mover ficha. Hay que acusar a los dirigentes castristas de aplastar los derechos humanos, de ser mentirosos, de supeditar el bien común a los objetivos de mantenerse de forma indefinida en el poder, en defensa de una "revolución" en la que se ha perdido todo, absolutamente todo.
jueves, 25 de febrero de 2010
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