Preso de sus propias contradicciones, el gobierno de Raúl Castro ha decidido actuar de la única forma que sabe en el caso Zapata, manipulando y distorsionando los acontecimientos, al responder a las críticas internacionales sobre la muerte del preso de conciencia Orlando Zapata.
Utilizando todos los medios a su disposición, la estrategia del gobierno comunista ha sido presentar a Zapata como un preso conflictivo, más próximo a la clasificación de los comunes que a los de conciencia o políticos, cuya existencia siguen negando en Cuba, a la vez que instrumentaliza las declaraciones de los médicos y personal sanitario involucrado en el suceso, e incluso las de la madre de Orlando Zapata.
El portavoz de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), el opositor Elizardo Sánchez, declaró a EFE ``no oculto mi asombro por el ensañamiento del Gobierno de Cuba con un hombre que ya falleció y todavía siguen tratando de lanzar fango sobre su memoria''.
Las tesis del programa televisivo vuelven sobre el mismo enfoque tradicional del castrismo frente a sus enemigos, ``la contrarrevolución se dedica a una campaña de difamación'' para ocultar las atenciones médicas que recibió Zapata antes de morir, a la vez que se volvió a insistir que el disidente, preso desde el 2003, fue atendido ``con todo el rigor médico''.
Otro en sumarse a la propaganda vejatoria ha sido Granma, portavoz del Partido Comunista de Cuba, que había publicado un artículo acusando a Zapata de ser un delincuente común que ``adoptó un perfil político cuando ya su biografía penal era extensa''.
Detrás de toda esta campaña, lo que se descubre es un Gobierno colérico, enfurecido, que reacciona con toda su capacidad mediática y control de la opinión pública en el país, a las graves críticas lanzadas a nivel internacional por la muerte de Zapata, a la vez que se contradice constantemente con los materiales divulgados, sobre todo por televisión, que ponen de manifiesto cómo en la isla se sigue espiando las conversaciones telefónicas, sin mandato judicial, y que las autoridades eran conscientes de un desenlace fatal en la vida del disidente preso.
Creo, sinceramente, que el régimen castrista muestra signos más que evidentes de preocupación y alarma por los acontecimientos. Raúl Castro es incapaz de arrastrar la simpatía internacional que tenía su hermano, dedicado a reflexionar sobre cuestiones estratégicas desde el foro de Cubadebate y lanzando afirmaciones inverosímiles sobre que en “Cuba nunca se ha torturado a nadie”. Los acontecimientos les sobrepasan.
No es capaz de organizar con éxito una sola política, y la torpe reacción mediática en La Habana puede venir motivada por ruidos de sables o de pistolas que, una vez más, vuelven a poner encima de la mesa, la finalización del castrismo de una forma violenta, sin duda una de las peores salidas para el régimen. Pero la realidad es que el temor a una reacción violenta por determinados sectores del ejército, la seguridad del estado o la alta burocracia política contra los dos ancianos hermanos y su corte de poder gerontocrático, parece más real que nunca.
No en vano, el régimen ni se mueve. Conforme más presos políticos y disidentes anuncian nuevas huelgas de hambre, en la Habana nadie dice nada. La tentación por ocultar la grave situación política del país, y los riesgos de desestabilización del régimen, puede ser inútil. Muchos periodistas andan sueltos por la Isla con ganas de informar sobre los acontecimientos. Los rumores corren de boca en oído. La gente quiere saber. En los círculos de poder, dentro de las casas, en cualquier parte, la pregunta que se hacen muchos cubanos sigue siendo la misma: ¿por qué? ¿por qué?
Todo está apuntando a un fin de ciclo político en Cuba en el que la situación económica puede poner la puntilla definitiva si el plan de devolución de deuda anunciado no da un respiro al gobierno y a sus escasas finanzas. Algunos destacados disidentes confirman esta situación. ``Están preocupados. Todo se produce en un momento de grave crisis nacional (...) Están obligados a responder y buscar la justificación del enemigo externo'', dijo Oscar Espinosa, uno de los 75 disidentes condenados en el 2003, actualmente excarcelado por motivos de salud.
A nadie se le oculta que, de vez en cuando, a lo largo del último medio siglo, el castrismo se ha situado al borde del abismo, muy cerca de su desaparición violenta. Asistimos, en el momento actual, a una auténtica revolución de los disidentes y presos políticos contra el poder omnímodo de los Castro. Literalmente, han perdido el respeto y el miedo al poder encarnizado y violento del régimen. Se han abierto fisuras que va a ser muy difícil suturar con parches en un momento de grave crisis financiera y progresivo aislamiento internacional. Es por ello necesario que la Unión Europea no cambie la Posición Común y mantenga la presión sobre el régimen al nivel actual. Es más que suficiente. Si la sociedad cubana reacciona y decide poner fin al “statu quo” imperante, es posible que el proceso de transición esté más cerca de lo que imaginamos.
miércoles, 3 de marzo de 2010
martes, 2 de marzo de 2010
Zapatero, Moratinos y la Posición común: qué es lo que queda de todo eso
Me había propuesto hoy dedicar este espacio a las declaraciones del "actor" español Willy Toledo, destacado miembro del grupo de la "ceja" así definido por haber realizado, en su día, un gesto con el dedo alrededor del ojo, simulando las cejas del presidente Zapatero que, según dicen los expertos en imagen, es uno de los rasgos físicos que más atraen a la gente.
Sin embargo, se me antoja que dedicar un tramo de mi escaso tiempo a valorar lo que es absolutamente impresentable, es improductivo. Además, algunos miembros de ese "grupo de la ceja", donde la madre del reconocido actor Javier Bardem se sitúa en primera línea, ya se han apresurado a descalificar a Toledo, que como era de esperar, se ha quedado más sólo que la una en sus ataques a Zapata, a los disidentes y el exilio cubano.
Debería haber tenido un poco más de inteligencia y callarse lo que piensa. La democracia admite todo tipo de opiniones, pero justificar lo injustificable, raya en lo obsceno, y lo que es impresentable. Toledo ha pasado sin querer a la historia, sus declaraciones han sentado muy mal a mucha gente, y no creo que le vayan a recompensar en su futura trayectoria de actor subvencionado.
Por eso, ni una palabra más. Hoy mi reflexión va a ir por otro camino.
Si, he estado pensando todo el día en la enorme frustración que para Zapatero tiene que ser ver que su presidencia de la Unión Europea se está yendo al garete. No le sale ni una buena. Hoy mismo, sin ir más lejos, el paro registrado ha vuelto a colocar a España a la cabeza de la Unión Europea como uno de los países con más volumen de personas en situación de desempleo, y lo peor es que el futuro pinta muy mal.
Pero si el presidente Zapatero parece insensible al recuento de desempleo, porque cree que la traslación del famoso PER andaluz a la política nacional es más que suficiente para acallar las protestas sociales, creo que siempre recordará como una amarga experiencia la tarde del día 23 de febrero pasado, cuando en plena reunión sobre derechos humanos en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, un asistente le informaba de la muerte de Orlando Zapata.
Si, de ese modo, Cuba, el gran objetivo de la política de Moratinos para el semestre de presidencia europea, entraba de lleno en los planes de Zapatero, pero de una forma inesperada y difícil. La primera reacción fue muy débil, lamentar y poco más. Una estrategema para ver cómo evolucionaban los acontecimientos.
Pocas horas mas tarde, cuando la opinión pública mundial atacaba con dureza a la dictadura castrista, Zapatero se veía obligado a desandar lo recorrido, y comparecía para sumarse a las críticas al régimen. Desde su poltrona en Exteriores, Moratinos veía con tristeza como su intención de cambiar la Posición Común, posiblemente el último reducto de la política diplomática de Aznar que se mantiene, quedaba en suspenso ante la actitud de los socios europeos, realmente indignados con el régimen tiránico de los Castro.
Si, la historia es conocida después. Ahi tenemos a Zapatero viajando por Europa para apoyar su presidencia, pero desde que Obama le dejó sin la convención conjunta Estados Unidos- Europa que Leyre Pajín había anunciado como la gran operación estelar de principios de 2010, nada es igual. Lamentablemente, el gobierno democrático español no ha actuado como debería en el asunto Zapata y seguro que una acción más decidida y reivindicativa habría sido suficiente. Pero en estas estamos, y Moratinos a verlas pasar. De todo lo sucedido, me alegro del archivo de la Posición común. Los cubanos saldrán ganando.
Sin embargo, se me antoja que dedicar un tramo de mi escaso tiempo a valorar lo que es absolutamente impresentable, es improductivo. Además, algunos miembros de ese "grupo de la ceja", donde la madre del reconocido actor Javier Bardem se sitúa en primera línea, ya se han apresurado a descalificar a Toledo, que como era de esperar, se ha quedado más sólo que la una en sus ataques a Zapata, a los disidentes y el exilio cubano.
Debería haber tenido un poco más de inteligencia y callarse lo que piensa. La democracia admite todo tipo de opiniones, pero justificar lo injustificable, raya en lo obsceno, y lo que es impresentable. Toledo ha pasado sin querer a la historia, sus declaraciones han sentado muy mal a mucha gente, y no creo que le vayan a recompensar en su futura trayectoria de actor subvencionado.
Por eso, ni una palabra más. Hoy mi reflexión va a ir por otro camino.
Si, he estado pensando todo el día en la enorme frustración que para Zapatero tiene que ser ver que su presidencia de la Unión Europea se está yendo al garete. No le sale ni una buena. Hoy mismo, sin ir más lejos, el paro registrado ha vuelto a colocar a España a la cabeza de la Unión Europea como uno de los países con más volumen de personas en situación de desempleo, y lo peor es que el futuro pinta muy mal.
Pero si el presidente Zapatero parece insensible al recuento de desempleo, porque cree que la traslación del famoso PER andaluz a la política nacional es más que suficiente para acallar las protestas sociales, creo que siempre recordará como una amarga experiencia la tarde del día 23 de febrero pasado, cuando en plena reunión sobre derechos humanos en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, un asistente le informaba de la muerte de Orlando Zapata.
Si, de ese modo, Cuba, el gran objetivo de la política de Moratinos para el semestre de presidencia europea, entraba de lleno en los planes de Zapatero, pero de una forma inesperada y difícil. La primera reacción fue muy débil, lamentar y poco más. Una estrategema para ver cómo evolucionaban los acontecimientos.
Pocas horas mas tarde, cuando la opinión pública mundial atacaba con dureza a la dictadura castrista, Zapatero se veía obligado a desandar lo recorrido, y comparecía para sumarse a las críticas al régimen. Desde su poltrona en Exteriores, Moratinos veía con tristeza como su intención de cambiar la Posición Común, posiblemente el último reducto de la política diplomática de Aznar que se mantiene, quedaba en suspenso ante la actitud de los socios europeos, realmente indignados con el régimen tiránico de los Castro.
Si, la historia es conocida después. Ahi tenemos a Zapatero viajando por Europa para apoyar su presidencia, pero desde que Obama le dejó sin la convención conjunta Estados Unidos- Europa que Leyre Pajín había anunciado como la gran operación estelar de principios de 2010, nada es igual. Lamentablemente, el gobierno democrático español no ha actuado como debería en el asunto Zapata y seguro que una acción más decidida y reivindicativa habría sido suficiente. Pero en estas estamos, y Moratinos a verlas pasar. De todo lo sucedido, me alegro del archivo de la Posición común. Los cubanos saldrán ganando.
lunes, 1 de marzo de 2010
La construcción del futuro democrático en Cuba
Interesante artículo de José Azel en El Herald ayer domingo "La Cuba poscastrista tendrá que reconstruir su identidad nacional". En líneas generales, puedo estar de acuerdo con el autor. Asumiendo que el futuro para Cuba se basa en la democracia y las libertades, su afirmación "la democracia requiere un modelo de relación entre el estado y los ciudadanos que es radicalmente diferente del modelo de relación de un estado marxista-leninista y el pueblo. Como consecuencia el comunismo cubano no puede ser reformado para lograr una verdadera transición democrática, con resultados aceptables", merece una cierta reflexión.
Todos los procesos de transición que se han producido en Europa del Este desde el derrumbe del muro de Berlín se han consolidado, en mayor o menor medida, a partir de las estructuras políticas y sociales preexistentes, que se han ido adaptando a un nuevo escenario democrático.
Conviene recordar que en estos países, el sistema comunista había organizado las sociedades con un modelo institucional muy similar al cubano, en el que los elementos de ausencia de propiedad privada, dirigismo central de la economía, mecanismos de delación y pertenencia a partido único, configuraban sistemas de corte estalinista que guardan una estrecha relación con el castrismo.
La experiencia histórica de los últimos 20 años confirma que poco, o casi nada, sobrevive en estos países a aquella etapa denominada "guerra fría", y los modelos y experiencias de transición, aún cuando marcan notables diferencias de unos a otros, conducen a bases sociales y políticas que en nada recuerdan al pasado.
Esto quiere decir que la transición a la democracia desde el comunismo es posible. No hay nada que lo impida, cuando la voluntad social es avanzar y cambiar. Por ello, cualquier planteamiento revolucionario y de cambio estructural radical puede contribuir a crear en amplios sectores de la población temores, dudas e incertidumbre hacia los nuevos actores políticos del cambio.
Por supuesto que el diálogo resulta fundamental para poner en marcha las transformaciones democráticas, pero la puesta en marcha de instituciones de diálogo y participación social plural no ha sido tampoco una quimera en estos países. Y pienso que en Cuba tampoco lo será. Sorprende cómo en la república Checa, Hungría o Polonia, el acervo comunitario en materia de diálogo y concertación social ha sido de muy fácil aplicación y en un tiempo muy breve, lo que ha facilitado la llegada masiva de fondos estructurales para la recuperación y reorganización de sus economías.
La transición a la democracia en Cuba será posible en la medida que el escenario final a alcanzar resulte de una visión compartida y de un diálogo de base amplia, en el que nadie, absolutamente nadie, pueda ser excluido. Es cierto que en el momento actual no se puede pensar en la puesta en marcha de este proceso. Es evidente que los comunistas castristas lo instrumentarían y utilizarían a su antojo. Pero igualmente, la debilidad de las organizaciones de disidentes y opositores que luchan por la democracia y la libertad es otro obstáculo para la consolidación de este modelo.
Hay que enterrar las visiones negativas que se puedan tener de unos y otros. Incluso en momentos como el que vivimos actualmente, en el que un crimen de estado clama venganza y cinco presos políticos y disidentes se vuelven a poner en huelga de hambre contra un sistema opresivo. Es ahora cuando hay que empezar a soñar con ese futuro, y a pensar que el castrismo, con todo su aparato político, militar y policial, representa el pasado, y que su desaparición con la muerte física del dictador, será una realidad.
Todos los procesos de transición que se han producido en Europa del Este desde el derrumbe del muro de Berlín se han consolidado, en mayor o menor medida, a partir de las estructuras políticas y sociales preexistentes, que se han ido adaptando a un nuevo escenario democrático.
Conviene recordar que en estos países, el sistema comunista había organizado las sociedades con un modelo institucional muy similar al cubano, en el que los elementos de ausencia de propiedad privada, dirigismo central de la economía, mecanismos de delación y pertenencia a partido único, configuraban sistemas de corte estalinista que guardan una estrecha relación con el castrismo.
La experiencia histórica de los últimos 20 años confirma que poco, o casi nada, sobrevive en estos países a aquella etapa denominada "guerra fría", y los modelos y experiencias de transición, aún cuando marcan notables diferencias de unos a otros, conducen a bases sociales y políticas que en nada recuerdan al pasado.
Esto quiere decir que la transición a la democracia desde el comunismo es posible. No hay nada que lo impida, cuando la voluntad social es avanzar y cambiar. Por ello, cualquier planteamiento revolucionario y de cambio estructural radical puede contribuir a crear en amplios sectores de la población temores, dudas e incertidumbre hacia los nuevos actores políticos del cambio.
Por supuesto que el diálogo resulta fundamental para poner en marcha las transformaciones democráticas, pero la puesta en marcha de instituciones de diálogo y participación social plural no ha sido tampoco una quimera en estos países. Y pienso que en Cuba tampoco lo será. Sorprende cómo en la república Checa, Hungría o Polonia, el acervo comunitario en materia de diálogo y concertación social ha sido de muy fácil aplicación y en un tiempo muy breve, lo que ha facilitado la llegada masiva de fondos estructurales para la recuperación y reorganización de sus economías.
La transición a la democracia en Cuba será posible en la medida que el escenario final a alcanzar resulte de una visión compartida y de un diálogo de base amplia, en el que nadie, absolutamente nadie, pueda ser excluido. Es cierto que en el momento actual no se puede pensar en la puesta en marcha de este proceso. Es evidente que los comunistas castristas lo instrumentarían y utilizarían a su antojo. Pero igualmente, la debilidad de las organizaciones de disidentes y opositores que luchan por la democracia y la libertad es otro obstáculo para la consolidación de este modelo.
Hay que enterrar las visiones negativas que se puedan tener de unos y otros. Incluso en momentos como el que vivimos actualmente, en el que un crimen de estado clama venganza y cinco presos políticos y disidentes se vuelven a poner en huelga de hambre contra un sistema opresivo. Es ahora cuando hay que empezar a soñar con ese futuro, y a pensar que el castrismo, con todo su aparato político, militar y policial, representa el pasado, y que su desaparición con la muerte física del dictador, será una realidad.
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